Cuánto me haces falta Abril.
Siento que eres aliada del tiempo, y que con él hiciste acuerdos, juegos.
Ya no avanza un reloj marcando, con irregularidad, mi respirar. Modificaste un antes y un después solo para que me duela más tu ausencia.
Vivo en un instante inmóvil.
A tu lado Abril, la luz era constante. Y mi vida una cadena de oportunidades de carácter infinito.
Te sigo amando, como amé tantas tardes cálidas en silencio: mirando el mar, sintiendo el viento correr con la misma dirección con la que nosotros abandonábamos el mundo.
-Buenas tardes, mi nombre es Abril.
-¿Qué tal? Manuel Dávila. Doctora, no sé que me pasa, sufro constantemente de reacciones involuntarias, de cambios bruscos de estado de animo, depresiones.
-¿Hace Cuánto siente estos fenómenos?
-Pues… no fue de un día a otro, al principio pensé que era normal, estrés en el trabajo o algo pasajero. Me di cuenta de que era algo serio hace como dos meses, estoy realmente preocupado, ¿cree saber de que se trata?
-¿Es usted consciente cuando sufre las reacciones de las que me habla?
Abril, ¿por qué no regresas? Tú sabes que siempre te esperaré. Si eres capaz retrocede el tiempo, dame solo una oportunidad para no fallar.
Quiero creer que nada es cierto.
Abril, me enseñaste a creerte. O tal vez me demostrarte que tenia que hacerlo, junto a ti me sentía seguro. Pero como no creerte entonces, si tus ojos reflejaban la confianza en el vació, vacío que me perturbaba.
Te prometo que si vuelves pinto el mundo y le pongo un nombre.
-Abril, parece que fue hace cien años cuando te conocí. Gracias por estar cerca cuando más lo necesité, significa mucho para mí,
-Ay, no te preocupes, pasar tiempo contigo es importante para mí también. Cómo imaginarlo, me has enseñado mucho Manuel, es única la manera en la que miras y enfrentas la vida.
-Si me has visto enfrentar la vida y mirarla de manera peculiar, es porque estas junto a mi Abril, lo habrás notado; yo no te veo solo como una amiga. Ahora siento algo mucho más grande.
-Creo que ya no hace falta que yo te diga lo que siento.
¿Qué hago Abril? ¿Por qué me orientabas a tomar decisiones?
Yo no puedo decidir, o por lo menos mi “yo” en todo su esplendor no puede. Pero ¿Qué digo? Ni siquiera me puedo definir a mi mismo.
Abril te amo
Dime la verdad, ¿no te volveré a ver?
La última vez que te vi te quise más que nunca Abril. Era distinto verte así, sufrí mucho.
Sobre una mano yo sostenía tu cuerpo recostado, hermoso como siempre, pero sin alma; sobre la otra mano, sin querer hacerlo y sin saber por qué, sostenía la pistola.
Te prometo que si vuelves pinto el mundo y le pongo tu nombre.
domingo, 5 de abril de 2009
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alejandra se llama el mundo.
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