
Mañana puede ser un día diferente.
Muy temprano me despertaré con el instinto que me ha despertado toda la vida, el que me hace dormir durante un tiempo moderado y levantarme viendo el sol, adivinando la tonalidad del cielo, en un cuarto sin ventanas.
Lo más probable es que instantáneamente después caiga la noche. Nunca antes ha pasado, nunca minutos después del amanecer, pero mañana no va a ser un día rutinario.
Saldré de mi casa, porque no me gusta pasar las noches sólo, e iré a buscar a mis amigos, a aquellos que no veo desde hace mucho tiempo. Los buscaré sin ninguna razón en particular, con la intención de pasar con ellos quizás la única noche que no corresponde al tiempo, al tiempo que estamos acostumbrados a ver.
Estar con mis amigos será especial de todos modos; todavía no sé que haremos juntos, pero asumo que conversaremos tranquilos en un bar cómodo y silencioso de una avenida principal, claro que solo en el remoto caso de que la noche extraña siga siendo noche, no hay que descartar la posibilidad de que amanezca. Sería triste que amanezca, ya que lo no habitual de mañana se volvería habitual, como cualquier día urbano de otoño.
Sigamos con el supuesto de que no amanezca repentinamente al medio día, pero que tampoco sea la noche la que siga dominando, sería entonces otra cosa, ni día ni noche, algo difícil de explicar porque nunca ha sido visto ni percibido por nuestros sentidos; no caigamos en el error de pensar uno de los estados intermedios a los que estamos acostumbrados durante el alba y el ocaso, tratemos de pensar algo diferente. Yo asumiré que luego de la inoportuna noche de mañana el cielo tomará un color verdoso, en donde no habrá estrellas, ni sol, ni luna, solo este tono verdoso que se mezcla con figuras extrañas, estas figuras no son nubes, sino son cielo, que en esta nueva faceta tiene varios colores, teniendo en cuenta de que el verde sobresale.
También existe la posibilidad de que no sea verde el que prime, sino un color inimaginable cuyo nombre no conozco.
Durante esta extraña face del día sentiré, sobre todo, hambre, entonces iré a almorzar frutas y verduras, para seguir con la onda no rutinaria del día. Luego, con muchas ganas me propondré a llamar a Laura, pero una vez en mi casa me daré cuenta de que es de noche de nuevo, pero esta vez será una noche verídica, de esas que hay todos los días y que luego de unas horas dan sueño, lo que pasará es que no estaré al tanto de todo, porque mañana no va a durar veinticuatro horas como los días comunes, mañana durará injustamente menos.
Es importante que quede claro que todas son suposiciones.
Por ultimo, ya con mucho sueño, mañana dormiré en la sala. Y seguramente soñaré cosas absurdas y sin sentido.
Muy temprano me despertaré con el instinto que me ha despertado toda la vida, el que me hace dormir durante un tiempo moderado y levantarme viendo el sol, adivinando la tonalidad del cielo, en un cuarto sin ventanas.
Lo más probable es que instantáneamente después caiga la noche. Nunca antes ha pasado, nunca minutos después del amanecer, pero mañana no va a ser un día rutinario.
Saldré de mi casa, porque no me gusta pasar las noches sólo, e iré a buscar a mis amigos, a aquellos que no veo desde hace mucho tiempo. Los buscaré sin ninguna razón en particular, con la intención de pasar con ellos quizás la única noche que no corresponde al tiempo, al tiempo que estamos acostumbrados a ver.
Estar con mis amigos será especial de todos modos; todavía no sé que haremos juntos, pero asumo que conversaremos tranquilos en un bar cómodo y silencioso de una avenida principal, claro que solo en el remoto caso de que la noche extraña siga siendo noche, no hay que descartar la posibilidad de que amanezca. Sería triste que amanezca, ya que lo no habitual de mañana se volvería habitual, como cualquier día urbano de otoño.
Sigamos con el supuesto de que no amanezca repentinamente al medio día, pero que tampoco sea la noche la que siga dominando, sería entonces otra cosa, ni día ni noche, algo difícil de explicar porque nunca ha sido visto ni percibido por nuestros sentidos; no caigamos en el error de pensar uno de los estados intermedios a los que estamos acostumbrados durante el alba y el ocaso, tratemos de pensar algo diferente. Yo asumiré que luego de la inoportuna noche de mañana el cielo tomará un color verdoso, en donde no habrá estrellas, ni sol, ni luna, solo este tono verdoso que se mezcla con figuras extrañas, estas figuras no son nubes, sino son cielo, que en esta nueva faceta tiene varios colores, teniendo en cuenta de que el verde sobresale.
También existe la posibilidad de que no sea verde el que prime, sino un color inimaginable cuyo nombre no conozco.
Durante esta extraña face del día sentiré, sobre todo, hambre, entonces iré a almorzar frutas y verduras, para seguir con la onda no rutinaria del día. Luego, con muchas ganas me propondré a llamar a Laura, pero una vez en mi casa me daré cuenta de que es de noche de nuevo, pero esta vez será una noche verídica, de esas que hay todos los días y que luego de unas horas dan sueño, lo que pasará es que no estaré al tanto de todo, porque mañana no va a durar veinticuatro horas como los días comunes, mañana durará injustamente menos.
Es importante que quede claro que todas son suposiciones.
Por ultimo, ya con mucho sueño, mañana dormiré en la sala. Y seguramente soñaré cosas absurdas y sin sentido.
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