sábado, 3 de octubre de 2009

Imperativo Categorico


Todo comenzó cuando estábamos en el parque, o por lo menos es lo que creo, ya que el tiempo no tenía un carácter enteramente lineal. Era el mismo parque por el que cruzo todas las mañanas para tomar el micro cuando voy a la Católica, esta vez iba como quien viene de Benavides, corriendo hacia el otro extremo, en diagonal, asustado.

No vi bien a mi alrededor, pero creo que estaba con mis primos, que corrían como yo, luego ya ni me acuerdo de ellos.

Asumo que fue inmediatamente después cuando andaba yo caminando por la vereda de Juan de la Fuente, en la cuadra que llega a 28 de Julio pero ahora como quien va al Carmelitas de primaria, hacia mi casa. Hay unas enredaderas al costado de la acera, que de noche le dan a la calle un aspecto tenebroso, y esta vez era de madrugada. No sé porque, pero yo sabia que me iban a robar, y hasta grite. En vano al fin y al cabo.

Entre a mi casa luego de subir por el gran ascensor y fui a donde estaba mi mama, la vi echada en una cama, muy asustada, preocupada. No me Quería decir que pasaba, hasta que luego de insistir me dijo mirándome fijamente pero con temor “vienen por ti”.

Como es normal el mundo se me vino abajo, no tenía idea de que era lo que tenía que hacer, de pronto aparecí junto a mi papa, que también estaba echado en una cama. Le dije, casi rogándole, que por favor me diga la verdad, qué era eso que los doctores confesaron cuando yo nací, y me dijo, con aire sumiso – dijeron que no eras normal, eras diferente e ibas a ser escritor y poeta- desconcertado le respondí – Eso no tiene nada de malo, es fantástico-. Y con compasión me dijo – los escritores y poetas no son personas normales-.

Y me desperté temblando.